Encuentro por la autogestión: Fuera del recinto autoritario es posible otra sociedad - Español

La Federación Municipal de Base (FMB) de Spezzano Albanese (Italia) es una estructura municipalista libertaria que trabaja el ámbito social desde hace más de un decenio y que pretende dar una alternativa de acción directa a la gestión de los municipios, lejos de ese llamado “municipalismo libertario” que cifra sus objetivos en presentar candidatos a las elecciones.

La FMB promueve un encuentro internacional bajo el lema “Más alla de Porto Alegre... ideas, experiencias y prácticas de autogobierno”. Se celebrará en la ciudad de Spezzano Albanese, en Calabria, del 21 al 24 de agosto del presente año. En estos cuatro días se pretende confrontar ideas, praxis y experiencias de las variadas estructuras autogestionarias y de base, ofreciendo a la vez un espacio para establecer contactos y relaciones entre todos los que se consideran interesados en un proyecto social de autogestión.

Nos gustaria que asistiera toda la gente que pudiera, de todo el mundo. Para más información, se puede utilizar el correo electrónico faspixana@libera.it o el teléfono 339 5 788 876 (Domenico). Reproducimos a continuación la circular de convocatoria.

 

La tan cacareada “aldea global”

El sistema social jerárquico prosigue en su lucha contra el género humano y contra cualquier otra forma de vida, para continuar imponiéndose con la barbarie que, según el ámbito de aplicación, se llama flexibilidad, acogida, seguridad, uso inteligente de los recursos naturales, misiones de paz, intervenciones humanitarias, guerra al terrorismo, guerra infinita, preventiva, etc.:

-En el norte como en el sur del planeta, innumerables muchedumbres mendigan trabajo e, indirectamente, la explotación correspondiente.

-Los servicios sociales, ahora en manos privadas o del Estado, mejoran para unos pocos (los ricos) y empeoran para los más (los pobres).

-Proliferan libremente las mafias en los campos económico y político, se refuerzan los aparatos represivos y judiciales ante quien se rebela y lucha contra las injusticias sociales, mientras la seguridad del sistema de dominio viene camuflada como seguridad cívica.

-Se devasta y se saquea el territorio, se imponen cultivos, se destruye el ecosistema, se deja a poblaciones enteras del sur del mundo en la miseria más absoluta, despojadas de materias primas y recursos naturales.

-Por todas partes la guerra para el dominio absoluto del mundo, definida según las circunstancias como limpieza étnica, humanitaria, preventiva o permanente, comete auténticos genocidios sembrando la muerte no sólo entre los seres humanos, sino también entre los animales y el medio ambiente.

-Cada vez más multitudes de pueblos, constreñidos por la barbarie de la guerra, el hambre y la miseria, emigran de sus tierras, para acabar relegados como animales en los modernos lager (centros de acogida) de la tan alabada civilización occidental, en espera de ser entregados como pasto al neoesclavismo, a la delincuencia, a la mafia, etc.

Esta es la tan cacareada “aldea global” que la siempre activa cantera autoritaria del democrático sistema del capitalismo internacional construye infatigable día a día, sirviéndose de la fuerza de trabajo de quienes en esta “aldea global” son los modernos esclavos.

 

El sueño de la razón produce monstruos

La burguesía, que bajo este lema ha filtrado la propia revolución reservándose el papel de cultivadora y colchón de la razón, es hoy el fiel reflejo de la paradoja de este lema.

Ha pretendido realizar libertad, igualdad y fraternidad pero apoyando su credo social en la democracia delegada en el ámbito político y el el Capital en lo económico, ha sustituido autoridad con autoridad, explotación con explotación, mostruos con monstruos, dejando postrada a la razón en un sueño profundo.

Idéntica suerte ha sido reservada a las escuelas políticas que han pretendido alcanzar una escuela igualitaria a través de la autoridad (autodefinidas como revolucionarias o socialdemócratas), con la diferencia de que mientras unas han desaparecido inexorablemente, otras continúan marchando del brazo con el aparato de poder contra el que habían surgido. El triunfo, por supuesto, es siempre la dominación.

La dominación de los patronos y de las instituciones jerárquicas. La dominación de unos pocos sobre el resto, que en la realidad productiva pasa a través de la autoridad de la empresa y en la realidad política y social a través de la escala jerárquica de administraciones locales, provinciales, regionales, nacionales, continentales, intercontinentales y de estructuras asociativas presentes en la sociedad, que reproducen la imposición piramidal.

 

Pero esta no es la única sociedad posible

Porque no es una sociedad inmutable. Es una sociedad construida sobre un modelo en vez de sobre otro. Y para construirla y mantenerla viva están sus componentes. Pero igual que ha sido construida puede ser destruida y refundada sobre un nuevo modelo. Cuantos no comparten y no se reconocen en el actual modelo social pueden, siempre que quieran, reformular y practicar entre libres e iguales la vida en sociedad fuera del recinto autoritario.

Continúan siendo tachados de utópicos quienes quieren llegar a la libertad mediante caminos de libertad, quienes afirman que no puede haber transición hacia un sistema igualitario si se deja en pie la autoridad, o si se utiliza para realizarla al Estado, expresión autoritaria por excelencia.

Mientras tanto, la incoerencia se convierte en paradoja, y paradójico resulta hoy el proyecto de cuantos han defendido poder construir la libertad con la autoridad anidando en los Estados ya existentes o dando vida a otros. En efecto, antes que contribuir a la realización de una sociedad igualitaria han acabado participando en la conservación del sistema de sociedad burguesa que pretendían destruir: la utopía cosmopolita de la burguesía ilustrada camina, hoy como ayer, en son de guerra entre las diferentes facciones nacionales e imperialistas en perjuicio de las poblaciones indefensas, con la fuerza de las bombas “inteligentes”, “humanitarias”, “preventivas” y con las demás armas sofisticadas de la flexibilidad, de la acogida, de la seguridad, del uso inteligente de los recursos naturales, etc., hacia la globalización de una “potencia de ciudadanos del mundo” que se postula para ser democrática dominadora absoluta en un mundo de neoesclavos.

Por ironía de la historia, la acusación de utopismo recae sobre quienes la han teorizado, mientras las aspiraciones libertarias contra las que se lanzó la acusación en su momento, continúan representando la alternativa posible a la barbarie. Una alternativa que hoy, por ejemplo, encuentra vigor en las diversas facetas del movimiento antiglobalización y contra la guerra. Una alternativa que se materializa en multitud de estructuras autoorganizadas, autogestionarias y de base presentes en el mundo del trabajo y en la sociedad. Una alternativa que enciende corrientes de pensamiento y de debate en diferentes sectores culturales.

 

La acción libertaria como acicate

Nuevos horizontes se abren para la acción libertaria. Horizontes para los que es necesario profundizar análisis, debates, una praxis social radicalmente autogestionaria, antiautoritaria, antijerárquica. Horizontes que la espolean para que espolee a los demás con el fin de diseñar juntos un proyecto gradual pero revolucionario tendente a la vez a la destrucción de lo existente y a la construcción de una alternativa, de un proyecto que no se contente con la mera reivindicación, sino que sepa ir más allá, que sepa orientarse hacia la realización desde ahora de las bases sobre las que edificar la sociedad del mañana. Si la praxis de la reivindicación representa sin duda una gimnasia revolucionaria, destinada a hacer comprender a los oprimidos y explotados que luchando se pueden mejorar las condiciones de vida, la praxis proyectada a la realización de una sociedad alternativa al dominio debe a su vez representar la certeza de cómo es posible comenzar a construirla desde ahora:

-Desenmascarar en el ámbito económico las contradicciones del poder.

-Acercarse a todos aquellos que luchan, para estimularles a comprender que es posible transformarse en artífices de nuestra vida en sociedad, en artífices de una práctica de organización social y económica diferente de la autoritaria.

-Animar a quien lucha a no parar de reivindicar ante los patronos, a no dejar intactas las causas que hacen posible la explotación, a dirigir la lucha hacia la socialización de los medios de producción, a proyectar la acción hacia la autogestión económica, a relanzar como ejemplo el cooperativismo de origen mutualista y solidario, a construir una red autogestionaria de productores y consumidores, autónoma del Estado y los potentados económicos, relacionándola con las luchas de los trabajadores y de todas las capas pobres de la sociedad.

-Actuar en la esfera social de la comunidad en la que cada uno de nosotros vive y trabaja con una práctica que no se limite a servir meramente de control de las decisiones de las administraciones del Estado, demostrar con la práctica comunalista de la democracia directa cómo decidir y poner en práctica las resoluciones de la problemática territorial (servicios, medio ambiente, etc.) para que puedan ser los interesados, los trabajadores, los parados, los jubilados, los estudiantes, quienes decidan.

Sobre esta práctica libertaria pensamos que ha llegado la hora de reflexionar. Una práctica que no se nutra de ilusiones reformistas ni de una revolución que no se sabe cuándo estallará, sino una práctica revolucionaria gradual que, encontrando savia en los conflictos, se proyecte día a día fuera de las instituciones del poder, con estructuras autoorganizadas y autogestionarias, que a partir de la localidad prefiguren otra sociedad.

 

FMB